Archivo de la categoría: sensaciones

lo que nos mantiene vivossssssssssss

como hace 100 años

Lo último que recuerdo de ayer es el sabor de unas trufas de chocolate caseras que tuve que comer deprisa porque se me deshacían entre los dedos. Luego, el sonido de las olas desde la cama, y nada más…

Después de dos días de menús excelentes preparados por los cocineros de más renombre de l’Empordanet, todos hombres, me sorprendió saber que el bocado más delicado había sido preparado una mujer sin nombre en la carta, la mujer del chef del hotel Aiguablava.

A mediodía me había sorprendido ya la textura imposible de un requesón preparado por otra mujer, otro plato sin más nombre de autor que el del pueblecito donde vive, Fonteta.

Por la tarde me había enamorado de un museo pequeño, abigarrado, donde otra mujer lleva toda la vida dedicada al mundo de las confituras.

Es sólo una anécdota. Pero parece que en la Costa Brava las cosas han cambiado poco desde hace 100 años, cuando se creó esta marca turística que hoy sigue sonando a carreteras sinuosas y calitas de arena blanca entre los pinos.

Lo primero que he escuchado esta mañana han sido las olas, de nuevo. Su sonido mezclado con el de los pájaros, que siempre madrugan más que nadie, vaya usted a saber por qué.

Ahora, justo mientras escribo esta línea, el sol se ha animado y sale a reflejarse en las primeras rocas, y acaricia las agujas de los pinos.

Y, a riesgo cierto de pareceros cursi, os contaré que me encanta despertarme así. En un lugar donde las barquitas esperan tranquilas a que sus dueños terminen el desayuno.

Donde las verduras todavía te explotan su sabor en la boca, y donde, al atardecer, las gentes se visten elegantes para encontrarse con una copa de cava.

Con portátiles, eso sí, para poder contarlo. Pero en una costa que ha sabido mantener su esencia. Despertarme como hace cien años, como siempre.

Costa Brava

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un regalo inesperado

Me levanto despacito, no vaya a ser que el terremoto que tengo en la cabeza se empiece a mover de nuevo. Ayer tuve bastante. Ya decía yo que dos copas por 7 euros era muy barato…

Cierro un poco las cortinas. La luz es intensa en la Costa del Sol malagueña. Enciendo el pequeño portátil y me conecto a duras penas para trabajar un rato.

Y, de pronto, descubro en la bandeja de entrada un regalo inesperado. Stultifer ha distinguido a los Chiscos como el blog del día!!!

Entro corriendo en Chiscos, me voy también corriendo a No sin mi cámara, salgo y vuelvo para terminar de creérmelo…

Es verdad, aquí está, y aquí lo pongo. Agradecida, contenta, y un poco cortada por el honor inmerecido. Qué ilusión que un bloguero con solera haya llegado hasta este rincón y le hayan gustado nuestros ‘contenidos y matices’.

Muchas gracias, Stultifer!!!

Estoy deseando llegar a casa para contárselo a los Chiscos. Les va a encantar.

blogdia04

Una lección de deportividad

Tarde de ayer. Estadio Ruiz de Lopera, Sevilla. Hasta la bandera. Tras una liga desaprovechada y más de cien minutos dependiendo de los resultados de otros partidos, Betis y Valladolid se jugaban la permanencia en primera a un solo gol. Cara o cruz. Tú o yo.

El empate a uno parecía imposible de romper por ninguno de los dos equipos pero, mientras el Pucela mostraba la misma descoordinación táctica que en toda la última vuelta, el Betis lo seguía intentando, dejándose la piel en cada balón. Misión imposible. A cinco minutos del final, sus aficionados lloraban ya desconsoladamente el descenso a segunda.

Cuando el árbitro dio los tres pitidos, aquello parecía un funeral. Sólo los 900 aficionados vallisoletanos daban saltos de alegría en la grada, mientras sus jugadores les agradecían el apoyo desde el centro del césped.

De pronto, contra todo pronóstico, a pesar de las lágrimas, a pesar de la injusta derrota, el Ruiz de Lopera enterito se unió en una ovación respetuosa a la fiesta de sus rivales, felicitándolos por la permanencia.

En ese mismo instante, en los bares de la capital castellana se hacía el silencio. Los aficionados pucelanos detenían un momento sus cánticos de victoria, pasmados y emocionados ante la actitud de suprema deportividad de la afición bética.

No hay duda. Por eso dicen que Sevilla tiene algo especial. Es por su gente.

summers1

frases tontas

Se me haría raro. Muy raro. Difícil. Muy difícil.

Hay lugares que es imposible visitar si ya no está quien les daba sentido.

Tienen razón, es mejor seguir perdida entre aviones, entre canciones y carreteras y, en la distancia, no ser más su parte incompleta.

Pero se equivocan en algo: es inútil escribir frases sobre la arena si no hay nadie para leerla en nuestra playa.

Aunque, a veces, sea tan difícil escapar de las frases tontas.

shake the devil

La canción comienza despacio, desnuda, con la voz  de Antony deslabazadoramente desgarrada. Exactamente 2 minutos y medio después, la batería empieza a marcar el ritmo. Se une el saxo. El ritmo te envuelve y ya no puedes escapar. ¿Será el diablo?

Pincha play y cierra los ojos.

a ver si va a ser verdad

A ver si va a ser que sí, que ese día mágico que cuenta maddriz existe…

Es que desde ayer parece como si todo comenzase a encajar, como si las pequeñas piezas fuesen colocándose en su sitio.

Pequeñas, pero imparables, las buenas noticias se suceden una a una; se inmiscuyen, impúdicas, poniendo una sonrisa en lo cotidiano.

Noto cómo la luz se va tornando cálida y el mundo se vuelve más azul poco a poco.

Aún faltan algunas cosas importantes, pero creo que está a punto de comenzar el gran día.

ya queda poco

Después de tantos días de dormir cuatro horas, de sobrevivir a base de algo con aspirinas para calmar el dolor que provoca la tensión; de esfuerzos conjuntos; después de tanto tiempo sin ver a los amigos, sin disfrutar de un minuto libre; de haber dejado en el camino tantas cosas que duelen, incluida la piel… Ya queda poco.

Poco para que se vea el resultado, para volver a sentir la brisa en la cara fuera de este encierro de ordenador, café y cigarrillos; poco para que el mundo decida si tanto esfuerzo merece dar frutos.

Por empeño, por ilusión, por ganas, desde luego, no será. Vamos a por el último esfuerzo, que ya queda poco.