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verano

Después de tanto tiempo de no poder dedicar un rato a recorrer la blogosfera como dios manda; desacostumbrada ya a escribir con los chiscos; me cuelo aquí de puntillas.

Para que no se diga que en el blog de los chiscos no existe el verano, que es lo que más nos gusta en el mundo.

En este mes de fiestas, playas y homenajes gastronómicos al aire libre. Aunque desde la meseta castellana -que este año se niega a ser también tórrida- se eche de menos el olor a nivea…

A ver si va a ser verdad esto de la crisis. Sigue sin haber dónde aparcar, y las terrazas y los bares están llenos. No sé, quizá agosto nos regale por fin las calles vacías, esas que tanto me gustan.

Lo que está claro es que, si julio fue bueno, agosto será mejor, porque va a comenzar con un concierto -o dos, ya veremos- del Boss, y luego pienso hacer visitas a mis amigos, aunque sean cortas, cenitas varias, y seguro que más de una escapada a la playa.

Después de mil años hoy inauguran la autovía que une la meseta con Santander -qué gusto, estoy deseando estrenarla- y, por si fuese poco, la última semana me voy a dedicar íntegramente a mi verdadera vocación: darme a la piña colada en una playa caribeña…

No me digáis que no pinta bien la cosa. Cómo no me va a gustar el verano!

Un beso a todos. A los que estáis ya a remojo y a los que no. A los que ya habéis vuelto morenos y a los que aún estáis eligiendo bronceador (ah, no, que ahora se dice protector solar 😀

perrito en alentejo

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progresos

Mira que es costoso esto del progreso. O, mejor dicho, cuántas energías y recursos gastamos los seres humanos en esto de progresar, de comunicarnos, de compensar lo que la naturaleza nos ha negado.

Lo pensaba ayer en la nueva terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. Que, dicho sea de paso, y a pesar de ser obra de mi admirado Ricardo Bofill, esperaba un poco más vistosa. Será que la T4 de Barajas ha dejado el listón muy alto.

Pues eso, que contemplando la inmensidad del edificio me entró una especie de pereza, y añoré aquel aeropuerto pequeñito de Galápagos, que no es más que cuatro pilares y un techado para dar sombra.

Cómo se complica el ser humano para conseguir algo que las aves hacen naturalmente. O, visto al revés, qué tenacidad y qué inteligencia, lograr a purito huevo lo que no nos ha otorgado el creador.

Lo mismo pensaba la semana pasada, cuando iba en mi pequeño Peugeot caminito de Santander. Al atravesar esos inmensos túneles de la autovía, con sus hormigones, sus sistemas de emergencia, sus luces.

Pensaba yo en la de horas de estudio que exigimos a unos señores para que sean ingenieros, a otros para que aprendan a instalar el sistema eléctrico… Que el túnel queda fenomenal, equilibrado, útil y seguro, pero las lombrices, o las hormigas o los topos hacen otro tanto ayudándose sólo de sus patitas y sus mandíbulas.

En fin. Es sólo un desbarre. Recurrente, eso sí. Que al final no sé si me puede el sentimiento de injusticia o el de orgullo.

De lo único que estoy segura es de que el resultado siempre merece la pena. Sobre todo, cuando al final del túnel o a la llegada a la terminal te espera el mejor paisaje, o los mejores amigos.

barca

turistas de primera y de segunda

En algunos países hay una práctica habitual cuya implantación no consigo entender y que, además, me china bastante.

Se trata de la tasa de entrada establecida en monumentos, parques naturales y otros atractivos turísticos de algunos países, que es más cara para los extranjeros.

Si vas, por ejemplo, a las islas Galápagos, sólo por pisar el aeropuerto habrás de pagar 100 dólares. Si eres ecuatoriano, en cambio, la tasa es mucho más reducida, creo recordar que de unos 10 dólares. Esto ocurre en muchos de los países de Latinoamérica y África.

Será que sus nacionales tienen menor poder adquisitivo que los visitantes, pensé. Pero claro, esta teoría se desmonta si es un ciudadano de Ruanda el que viaja a Argentina, por ejemplo. Y, al revés, si un islandés viene a España, debería de pagar más que un español. Porque en ningún caso te preguntan cuáles son tus posibles. Así que ese no debe de ser el criterio.

En cambio, si a los que viajan se les supone que tienen dinero suficiente y la medida pretende beneficiar la economía local, habría que implantarlo en todos los países, no sólo en los que están en vías de desarrollo, también en Europa. A la misma conclusión se llega si la intención es que los nacionales disfruten de su patrimonio más barato que nadie. ¿Por qué no se hace lo mismo en España?

No sé, lo mire como lo mire, no hay ninguna razón que me encaje para todos los casos. Así que lo único que puedo decir es que a mí me china profundamente la discriminación esa. Sobre todo porque siempre me toca el lado de los que pagan más.

Y donde ya no puedo contener la indignación es en los monumentos o enclaves en los que nuestro país financia el cotarro, a través de la prolífica e hiperactiva Agencia de Cooperación Española, que es como Dios, está en todas partes.

Que conste que me parece muy bien que financie las lechugas que comen las tortugas de Galápagos, pero digo yo que, entonces, a los españoles nos podían hacer un descuentito.

islas Galápagos

sabor salao

dilemas gatunos

Ayer los chiscos estaban más raros que un perro verde que, en este caso, ya es decir. Se pasaron todo el día cuchicheando por las esquinas, ora distantes, ora mimosos. Me los encontré incluso de charleta con el pequeño Nazbatag, al que sólo acuden cuando el asunto es grave. Las hormonas, pensé.

Pero no. Al final de la tarde cantaron como jilgueros: el motivo de su desazón no era otro que un reportaje publicado en El País Viajero. Habían leído que en Taiwan y en Japón existen gato-cafés en los que los humanos pagan por estar con sus congéneres.

Son locales en los que los clientes apoquinan unos 10 dólares por hora, consumiciones aparte. Han de lavarse las manos con un jabón antiséptico y durante ese tiempo tienen derecho a acariciarlos, jugar con ellos, disfrutar de su compañía.

Al principio, desconcertados, no sabían si creérselo. Luego decidieron que les parecía bien. Y, más tarde, que era un caso claro de explotación gatuna. Cuando me lo contaron, los chiscos eran todavía un mar de dudas.

No os creáis, les dije. Esos gatos viven como dioses del antiguo Egipto, admirados, mimados, deseados. Puede que no tan bien como vosotros, pero mucho mejor que la mayoría de los que existen en el mundo.

No quise entrar en detalles, ni contarles que en China se comen a los pobres mininos a los que maltratan hasta morir, o que en este país, hasta hace no muchos años, tampoco tenían una vida precisamente fácil.

La reflexión pareció convencerles. A ellos les encanta que los acaricies y, cuando tardas en hacerlo, se ponen panza arriba en el suelo para llamar tu atención.

El resto del día les di ración extra de mimos, como queriendo compensar a todos los gatos que sufren en este mundo de humanos locos. Pero, mientras lo hacía, no pude evitar sentirme rara, como el que se va sin pagar un delicioso café.

la extraña pareja

Esta mañana, nada más salir de casa, me crucé con una pareja. Iban agarrados del brazo. Él setenta y pico, blanco. Ella, treinta y pico, negra. Lo primero que se me vino a la cabeza -malditos prejuicios- fue que ella estaba con él por dinero y él con ella por sexo.

Tras el primer pensamiento, enseguida me recriminé a mí misma: – qué mal pensada eres, ¿y si fuesen padre e hija? ¿O si se quisiesen de verdad?

Vaya por delante que no me parecen mal los matrimonios de conveniencia. Además de ser los más abundantes a lo largo de la historia, suelen ser los más estables. Y, al fin y al cabo, todos son un contrato, así que ninguno es completamente ajeno al interés, de una u otra forma.

Lo que no se puede negar es que en España hay mucho matrimonio mixto, cuando menos, sospechoso. A ver si no por qué un señor que aquí no se come una rosca desde hace años viaja a Cuba y, en siete días, vuelve del brazo de una señora estupenda, qué digo, estupendísima. Algo tiene que haber además de amor a primera vista. Eso, o Cupido se está dando a los mojitos y sólo dispara a diestro y siniestro por tierras caribeñas.

Imagino que, si la escena de esta mañana ocurriese dentro de veinte años, lo primero que pensaría es que son padre e hija. Porque hay que ver la cantidad de adopciones de colores que se están haciendo últimamente.

A mí en general me parece egoísta la gente que se va a China y se trae dos hijas del sol naciente, arrancándolas de su cultura y de su país. Veo un afán de satisfacer sus ansias de tener bebé, más que un acto de generosidad hacia la criatura. Que anda que no hay niños abandonados en España. Pero, claro, no son bebés, tienen pasado, y casi siempre complicado.

Lo mismo que me parece egoísta tener un hijo para que te cuide de mayor, que eso lo he oído decir a más de un padre y de una madre, naturales ellos, eso sí. O traer hijos al mundo y dejar que campen a sus anchas sin la más mínima educación, para que el resto los soportemos. Pero, bueno, tiene que haber de todo, como en botica.

Lo que me parece perfecto, altamente deseable, es que cada uno pueda vivir donde quiera independientemente del país donde haya nacido. Respetando, claro, las leyes y costumbres locales -que se ajusten a los derechos humanos- como primera norma. Ya sé que es sólo una utopía eso de derribar fronteras, pero las sociedades más ricas que conozco son las que tienen mayor variedad de procedencias entre sus ciudadanos.

Volviendo a la mezcla de razas yo, sinceramente, sólo le veo ventajas. Las próximas generaciones saldrán más fuertes, por aquello de la renovación de la sangre, más tolerantes gracias a la interculturalidad y más guapas, por aquello del mestizaje, que ha dado siempre las mayores bellezas del mundo.

A ver si, con un poco de suerte, en tres o cuatro décadas nadie gira la cabeza por ver a ninguna pareja paseando del brazo. Sea como sea. Y nosotros que lo veamos.

desmontando planes

Jo, acabo de leer los planes de Winnie para el puente y me han entrado unas ganas terribles de playitaaaaa. Qué envidia los que viven al lado del mar, y lo pueden ver cada día y, en cuanto hace bueno, no necesitan hacer cientos de kilómetros para darse un chapuzón.

Así que este finde, aunque tengo trabajo atrasado para quedarme a vivir en él, creo que no va a haber quien me quite una escapadita playera a donde sea. Que mi pequeño rojo, que es clavadito al suyo, también dice que sí, que salitre.

Y eso que tenía un buen plan alternativo: la localidad zamorana de San Vitero, muy cerca de Alcañices, celebra su fiesta anual dedicada al burro zamorano-leonés, que es una raza de bichiños peludos, grandes, preciosos. Para comérselos.

Por si os animáis, mañana exposición y subasta de buches, y el sábado paseo en burro con comida campestre incluida. Por cierto, en San Vitero se come una carne de ternera que está de vicio, baratísimo en cualquier sitio -hay dos-, yo voy siempre a Casa Alfonso.

¿Qué vais a hacer vosotros el finde?

burrito