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eso, cosas :)

un añito

Desentrenada, tanto que ni recuerdo cómo se maneja el editor este de wordpress, entro por casualidad en el blog de los Chiscos y descubro que hace justo un año del último post.

La ocasión parece demasiado exacta para no aprovecharla, así que dejo estos tres párrafos, sabiendo que no los leeréis, mis queridos amigos blogueros, a los que hace tanto que no sigo.

Pero aquí queda dicho, negro sobre blanco, que seguís teniendo un puesto de honor en nuestras vidas. Por tantos momentos buenos, por tanto compartido. Voy a ver si os sigo la pista. Un beso.

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de cuello alto

Si es que ya no saben qué inventar.

Primero fueron, aquel invierno tan crudo, los jerseys de cuello alto, manga corta y ombligo al aire. Yo, que era joven e inexperta -y por aquellas tenía tipo para llevarlos- me compré un par de ellos, o tres.

No quiero ni acordarme del frío que daba aquello, madre mía. Los deseché pronto del armario, porque salvo raras excepciones soy una tía bastante lógica :), poco esclava de tendencias, y aquello no tenía ni pies ni cabeza. Además, odio los jerseys de cuello subido, me producen angustia.

Este verano -que ya llega, ya está aquí…- a los que les han subido el cuello es a los zapatos. Se ve cada cosa… Cuarenta grados a la sombra, caras congestionadas por el calor, y las criaturas con sandalias imposibles llenas de flecos, tobillo encasquetado en un armazón de sabe-dios-qué, chorreando sudor por las rendijas.

Si es que ya no saben qué inventar.

zapatos dedos

ya sé cómo funciona el juego

Esta canción me tiene enganchada.

Me gusta lo que dice:

Y pasa el tiempo y, mientras pasa, considero que es una falta de respeto y un engaño tan ruin, que cuando al fin ya sé cómo funciona el juego, se me acaban las monedas, ironías de vivir…

Y me gusta cómo lo dice porque, lejos de hacerme sentir pesimista, su ritmo me anima a aprovechar cada minuto, a beberme la vida a sorbos grandes, a saborear los tragos pequeños.

Esta semana he comprobado, de nuevo, que una dificultad objetiva es mucho menos poderosa que un buen estado de ánimo, por muy subjetivo que sea.

Que la adrenalina que produce trabajar a tope en lo que te gusta es el alimento más energético, mucho más que el amor, o que el dolor.

Que saborear cada minuto no alarga la vida, pero la hace mucho más intensa…

un regalo inesperado

Me levanto despacito, no vaya a ser que el terremoto que tengo en la cabeza se empiece a mover de nuevo. Ayer tuve bastante. Ya decía yo que dos copas por 7 euros era muy barato…

Cierro un poco las cortinas. La luz es intensa en la Costa del Sol malagueña. Enciendo el pequeño portátil y me conecto a duras penas para trabajar un rato.

Y, de pronto, descubro en la bandeja de entrada un regalo inesperado. Stultifer ha distinguido a los Chiscos como el blog del día!!!

Entro corriendo en Chiscos, me voy también corriendo a No sin mi cámara, salgo y vuelvo para terminar de creérmelo…

Es verdad, aquí está, y aquí lo pongo. Agradecida, contenta, y un poco cortada por el honor inmerecido. Qué ilusión que un bloguero con solera haya llegado hasta este rincón y le hayan gustado nuestros ‘contenidos y matices’.

Muchas gracias, Stultifer!!!

Estoy deseando llegar a casa para contárselo a los Chiscos. Les va a encantar.

blogdia04

El chándal, ese gran desconocido

Pocas prendas hay el armario del siglo XXI que reúnan tantas cualidades y tan variadas como el chándal, ese conjunto imprescindible en nuestro fondo de armario, que aúna comodidad y elegancia casual.

Ningún otro código de vestido resuelve tantas situaciones satisfactoriamente. Lo mismo va bien si es domingo y queremos bajar a por la prensa, que para salir por la noche cualquier día entre semana, o para ir a comer el sábado a casa de los primos del pueblo, que hacen matanza.

A pesar de ser una prenda concebida para abrigarse tras una sesión de deporte, su versatilidad ha logrado que supere claramente los usos tradicionales y, dependiendo de los complementos, puede ser perfecto en cualquier ocasión.

Si queremos darle un toque glamuroso podemos combinarlo con pendientes de perlas y minimedias de color carne, un detalle sutil pero que no pasará desapercibido. Para los hombres, camisa azul clarito debajo, deportivas con cámara de aire y las joyas habituales, como el sello de la primera comunión o la cadena de la virgen de los Remedios.

Para causar sensación sin resultar estridente lo ideal es maquillarse en plan Morticia Adams y combinarlo con un top de rayas y un bolso grande. Los chicos pueden llevarlo con camisetas con mensaje o un polo de marca, aunque sea falso. Por la noche, en cambio, va mejor con una gorra de béisbol, gafas de sol de piloto y zapatillas plateadas 😉

El chándal es muy útil como prenda comodín, especialmente si el resto de los pantalones están en el desguace tras meses de arrastrar el dobladillo por las aceras. O, por ejemplo, para llevar a clase. Así no se notará si no nos duchamos tras la hora de educación física, porque absorbe mucho mejor el sudor que otras prendas.

Los hay de todos los tejidos, diseños y colores. De algodón, son un conjunto ideal para ir a cortar el césped o a podar setos. Mejor si son estampados, porque absorben las manchas verdes asimilándolas al diseño original.

Si son de lycra permiten muchas más opciones, porque resultan más ponibles y aportan un toque especial de brillo que no pasará desapercibido.

Además, no se puede despreciar el papel que desempeña en la reactivación de la economía mundial. En muy pocos años, el chándal desbancará a los vaqueros como la prenda más utilizada en el mundo. Sólo hay que pensar en la cantidad de pobres niños del tercer mundo que tendrán trabajo gracias a él.

A mí es que me encanta. Allá donde va, un chándal bien elegido causa admiración, despierta pasiones, deja huella. No diré más que la primera vez que me puse un chándal para estar por casa, un modelo blanco impoluto, todo de algodón, cuando me crucé en el pasillo con los chiscos se detuvieron, embobados.

Se me quedaron mirando con los ojos muy abiertos y el pelo del lomo erizado a más no poder. Creo que era de la emoción. Pero ya se sabe, los gatos, además de paradigma de elegancia, es que son muy sensibles.

chandal

sabor salao

micropaseos

Desde siempre me han gustado las cosas pequeñas. No sé si será por eso -o al revés- que mi habitación de niña estaba llena de miniaturas de objetos cotidianos, de animalitos microscópicos. No lo puedo evitar, me atrae cualquier trasto o cualquier persona a escala menor que 1:1.

De aquel curso de monitor de tiempo libre que hice en Cruz Roja hace mil años recuerdo las juergas en casas varias, los chocolates con churros al amanecer en la plaza de Cuatro Caminos de Coruña, y mil cosas más. Una de las que más me gustaron de todas las que aprendí fueron los micropaseos.

En una de las preceptivas salidas al campo, uno de los profes -que, por cierto, estaba buenísimo- nos enseñó a fijarnos en los pequeños mundos que suelen pasar desapercibidos. Os recomiendo probar:

– Escoged un trocito de suelo, de unos 10×10 centímetros. Acercaos lo más posible y observadlo durante un rato, daos un micropaseo por él. Os sorprenderá todo lo que pasa en ese cuadradito.

No hace falta irse al campo para dar micropaseos, aunque es verdad que allí la vida es más intensa. En la ciudad también hay otros mundos, más pequeños. Esos baldosines con relieve para ciegos, aquellas letras grabadas hace cien años en una tapa de alcantarilla, las minijuergas que se montan los ácaros en la estantería de los libros viejos…

Creo firmemente que a veces es necesario cambiar el enfoque para descubrir el resto de mundos. Que el nuestro ya lo tenemos muy visto.

micropaseo