san antón

Este año se me ha pasado lejos el día de san Antón, y me he quedado sin esos bollitos tan ricos de crema que hacen en Cubero, una de las mejores confiterías de Valladolid, sólo por estas fechas. Ayer estuve a remediarlo, pero cierran los martes por descanso. Vaya por dios. Así que hoy, con un poco de suerte, toca empacho.

Además de por los panecillos que llevan su nombre, me gusta san Antón porque es el patrón de los animales. Su imagen se reconoce fácilmente en las iglesias porque es una talla de un anciano con un cerdito a sus pies. Siempre que lo veo me acuerdo del pobre cerdo de san Antón, un animalito que crían entre todos los vecinos en la localidad coruñesa de Espasante (Ortigueira).

El ‘porquiño de san Antón’ se pasea libremente durante todo el año por las calles de este pueblecito marinero del norte de España, y recibe mimos, comida y golosinas de propios y extraños. Se le reconoce antes incluso de llegar, por el sonido del cencerro que lleva atado a su cuello.

Se siente tan querido que entra con confianza en las casas, hasta la cocina. Pero la pobre criatura no sabe que el 5 de enero será sorteado entre los vecinos y acabará en la olla, como todos. Bueno, al menos, vive feliz.

Que me desvío. Os hablaba de san Antón -san Antonio Abad-. Nació en Egipto allá por el año 250, en una familia de campesinos adinerados. Su vida cambió cuando escuchó la palabra de Dios. ‘Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres’. 

Dicho y hecho, al morir sus padres, entregó su hermana al cuidado de las vírgenes consagradas (hay que joderse), distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró al desierto, donde comenzó a llevar una vida de penitencia.

Allí conoció a un anacoreta llamado Pablo a quien, según la leyenda, alimentaba diariamente un cuervo entregándole una hogaza de pan. Cuentan que el pájaro dio la bienvenida a Antonio con dos panes. A la muerte de Pablo, Antonio lo enterró con la ayuda de dos leones y otros animales.

Se cuenta también que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos ciegos, suplicando ayuda. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separaba de él y lo defendía de cualquier alimaña que se acercara.

Pero con el tiempo, las vueltas que da la historia, se extendió la idea de que el cerdo era un animal impuro, y comenzaron a representar a san Antón con un cochino a sus pies, simbolizando el dominio de la impureza.

Durante la Edad Media, cuando soltaban los animales, los ponían bajo el patrocinio del santo para que nadie se los apropiara, y así se fue forjando la leyenda.

Hoy sigue celebrándose su fiesta el 17 de enero, y en muchos lugares hay costumbre de bendecir a los animales a las puertas de las iglesias. Ni os cuento la de perros canijos con lacitos que se pueden ver ese día… Un horror, pero no me digáis que la costumbre no es chula.

No viene de ahora. Siglos atrás, cuando la economía estaba basada en la agricultura y la ganadería, ese día se bendecían los animales de carga y el ganado. Al atardecer se encendían lumbres en huertas, caseríos y montes, en todos aquellos lugares en los que había ganado y animales domésticos. Con el fuego se esperaba ahuyentar a las enfermedades y las plagas del rebaño.

Leo en la wikipedia que en algunas localidades de la Alpujarra granadina todavía se celebran ‘los chiscos’, unas fiestas de enero dedicadas a san Antón. Los ‘chiscos’ son hogueras alrededor de las cuales bailan, comen y charlan todos los vecinos y los que llegan de otros pueblos. Sé que hay muchos más lugares donde se hace.

Antiguamente se tenía por tradición no uncir siquiera a los animales ese día. Tampoco se ataban. Se les daba fiesta, enviándolos libremente al monte para que se tomasen un día de descanso.

Propongo que a partir de ahora, además de las bendiciones, de los panecillos de crema y de tratar fenomenal a los bichiños, el día de san Antón demos rienda suelta al animal que todos llevamos dentro. Y no me refiero a ponerse en plan Viernes 13, ya me entendéis… 😉

La tentación de san Antonio. Salvador Dali. 1946

La tentación de san Antonio. Salvador Dalí. 1946

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5 Respuestas a “san antón

  1. Tienes en mí, lo sabes a una ferviente admiradora y cada vez que te leo, me reafirmo en mi cuasi idolatría, pero hoy me ha gustado especialmente tu entrada. Adoro a los animales y a pesar de ser atea confesa (la gente se declara generalmente agnóstica, como para no parecer radical, pero yo es que ejerzo de atea -muy a mi pesar-, muy respetuosa, eso sí con todo quisqui). Ay, que se me va, el caso es que a pesar de ello, San Antón sería sin ninguna duda mi santito favorito. Al cerdo de Ortigueira, no me lo quito de la cabeza (aunque creo recordar que alguna vez le han indultado, no?) porque después de los gatos, son los cerdos mis animales favoritos. Con la incongruencia que me caracteriza sigo comiendo jamón como la que más y de momento sin soltar ni una lágrima…

  2. Ay!! A mí me encantaría encontrarme con un cerdito amable en un pueblo y darle de comer. Me encantan los cerditos!! Son tan graciosillos…
    En cuanto a lo del Santo, y en general los santos, creo que son una gran putada. En serio, lo peor en esta vida es el invento de los santos, pobre gente. Las pasaron putas para defender una palabra de Dios que hoy en día nos la pasamos por donde escuece el Sanex. Y luego hay pobres santos que hasta les cortan los brazos y las tetas, oye mira no.

    Bueno guapa. Ayer hice mi primer examen y creo que me ha salido bien. Ya me he curado de eso y estoy con una florecilla silvestre de fresco. Llámame un día de estos y hablamos, porfi.
    Un beso.

  3. Lo siento Ana, pero soy ateo hasta sus últimas consecuencias así que tampoco creo en los santos, pero oye, como historia está muy bien, además también me encantan los animales pero eso de llevarlos al parque me parece una tontería, siempre que lo veo se me escapa la risa porque algunxs emperifollan a sus mascotas como si fueran la Leonor. Además yo tengo liberado a mi animal interno todo el año 😛

    Besos.

  4. Pues a mí me ha entretenido mucho.

    Evidentemente la historia no es cierta, pero es lo que tiene la mitología, ¿no, Reikjavik?

    Un abrazo a todos.

  5. Yo sé que no debo comentar sobre esto, pero hoy me pasa algo curioso. Casi todos los posts que leí hoy y que no fueron pocos, en todos se habló de comida. Resultado, tengo un hambre despiadado. Please!! Basta de comidas. Además todas me gustan.

    Besos.

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