a eso le llamo yo flechazo

Es lo que tienen los viajes, que siempre guardan sorpresas. El viernes tenía que haber estado currando en Marrakech, pero una conexión perdida hizo que llegase sólo a tiempo de ponerme guapa para la cena, tarea que requiere más bien poco tiempo 🙂 El resto del día me lo pasé sin salir del aeropuerto de Casablanca -Casa, como le llaman los marroquíes-.

Había madrugado mucho, pero dios no ayuda en cuestión de vuelos. Un par de retrasos encadenados provocaron que saliéramos tarde de Barajas, haciendo inútil mi carrera hasta la puerta de embarque 5 de la terminal de vuelos domésticos de Casa.

El siguiente vuelo a la ciudad roja, a las cinco, informaban las pantallas. Tras diecisiete gestiones ante otros tantos mostradores, conseguí una plaza. Sólo quedaba esperar. Menos mal que llevo dos libros, pensé. Pero el destino me deparaba un flechazo.

En la misma situación que yo se encontraba María, una bilbaína encantadora con la que congenié en treinta segundos. Era el primer viaje fuera de Europa de esta oceanógrafa enamorada de su trabajo y de un chico llamado Gorka, que la esperaba en Marrakech.

‘Lo he conocido hace sólo una semana’, me contó. En total, dos días con amigos comunes en Baqueira y un par de cenas en Donosti. ‘Y mira, anteayer recibí un correo suyo con un billete electrónico de regalo para visitarlo en Marruecos, que es donde vive desde hace diez años, y no lo pensé dos veces, aquí estoy’.

Amor a primera vista. ‘Creo que es el amor de mi vida, me ha tocado la lotería, después de tantos años encerrada estudiando’, explicaba María con sus ojazos claros echando chispas. El plan, perfecto, un par de días urbanos en plan romántico y luego a esquiar al Atlas. ‘Me han dicho que te suben en burro’.

Las horas de espera se nos pasaron volando, charlando como cotorras entre tes a la menta y bocadillos insulsos, de esos de aeropuerto. Nos contamos media vida con una confianza y una naturalidad como pocas veces he experimentado, menos aún entre dos personas que no se han visto nunca.

El último rato se quedó dormida, apoyada en mi hombro, en una silenciosa sala de embarque. Luego, un vuelo breve y los nervios previos al encuentro. Dos pinceladas de maquillaje – ¿estoy bien?, – estás guapísima, María, perfecta-, y un arreglo rápido en la sala de equipajes.

Y allí la dejé, en los brazos de un pivón que la recibió ataviado con una chilaba blanca, por aquello de dar color al encuentro, porque el chico es del mismo Bilbao y a mucha honra. Nos intercambiamos teléfonos -‘si tienes algún problema me llamas, María’- y la promesa de hablar esta semana.

Qué queréis que os diga, estoy deseando llamarla para que me cuente qué tal todo, aunque estoy segura de que ha sido tan mágico como esperaba. Al fin y al cabo, su historia es de las que merecen estar en los manuales de amor.

En cierto modo lo nuestro también fue un flechazo. Pocas veces conectas tan espectacularmente bien con alguien, con ese hilo invisible que une a dos personas para siempre, por muy lejos que se encuentren. A mí me ha pasado no más de siete veces, y si algo tengo claro es que – como cualquier otro milagro- no se pueden dejar escapar.

En la agenda de su móvil me ha grabado como Ana Casablanca, y en la mía he hecho lo mismo: María Casablanca.

Pero además necesito seguirle la pista porque, qué caray, ya es un poco mía. Gorka le regaló su primer viaje a África pero, ese día, en el aeropuerto, fui yo quien le descubrió el ritual del té a la menta, le enseñó cuatro palabras en árabe y sus primeras pinceladas sobre este país maravilloso.

El resto del finde fue según lo previsto. Un poco de trabajo -algunas entrevistas, nuevos contactos, proyectos de viajes a lugares tan apetecibles como Mauritania, Togo, un par de invitaciones a festivales de música en el desierto-, y un poco de ocio -algunas compras en la medina, un par de cenas de gala espectaculares, de las que ya no se hacen-. Todo ello regado con chuzos, que caían de punta.

Fotos, lo que son fotos, no pude hacer ni media, teniendo en cuenta que mi pobre cámara no tiene garantía en caso de diluvio universal. Pero como lo prometido es deuda, con permiso de Expreso, aquí os dejo la imagen, en pocas palabras, de la Plaza. Toda vuestra.

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6 Respuestas a “a eso le llamo yo flechazo

  1. Me gustó el post, pero debo ser sincero, me produce una profunda envidia no poder estar en ese maravilloso lugar. Me conformo sin las fotos, por razones obvias…

    Besos.

  2. que no te dé envidia, stanley, ve a conocerlo. a nada que tengas un par de días, tanto Royal Air Maroc como su filial de bajo coste, Atlas Blue, e incluso Iberia, tienen a veces ofertas muy baratas de vuelos, es cuestión de paciencia. Y si necesitas que te ayude a buscar algo, no tienes más que decirlo
    gracias por pasarte por aquí 🙂

  3. Me ha encantado leerte y entiendo lo que te pasó, a mí me sucedió lo mismo con alguien que se convirtió desde ese mismo instante en mi compañero de viaje, hace ya de esto más de seis años!!!! Claro que, mi conexión instantánea empezó desde un instinto más primario… ejem, ejem… Me gusta de ti, entre tantas otras cosas que vayas por la vida así de abierta y confiada, no sé si me explico… la mayoría de la gente se pasea cargada de perjuicios y suele desconfiar del de enfrente por principio y creo que tú eres de las que piensa aquello de que todo el mundo es bueno, hasta que no se demuestre lo contrario. Olé tú! Ojalá vuelvas a saber de María y nos lo cuentes… yo también estoy segura de que su viaje fue tan especial como soñaba.

  4. Muy bonita la crónica, a parte de que se sale de la clásica historia de un viaje donde en cierto modo siempre se acaba contando lo mismo (las excelencias del lugar que visitamos) Me alegro de que hayas conocido a María, yo reconozco que soy muy desconfiado para esas cosas porque soy de los que piensan que la naturaleza de la gente es mala, y que los casos contrarios son excepciones.

    Aunque esto que digo es relativo: gente de la que no me fiaba en un principio me ha demostrado tener un corazón como un castillo y gente que tenía en muy buena estima me ha acabado pegando la puñalada.

    Besos

  5. Tengo 3 flechas saliendo de mi corazon…una va por el aire de Madrid camino de Optimista, otra se dirige un poco más a las afueras de Madrid…hacia Ita, y la tercera espero llegue en este momento a Valladolid…cargada con muxisimo amor…para ti, Ana.
    Leerte provoca flechazos….

  6. mis tres flechitas salen ya… por la Puerta de Alcalá van…

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