al pequeño también le ha tocado

Ya van tres veces en dos meses. Taitantos bajo cero. Noche al raso. Giro la llave. Nada. Su motorcito de arranque -o lo que sea- se niega a hacer lo propio. Saltan todos los chivatos en el salpicadero del pequeño Peugeot, mientras emite un pitido que suena claramente a quejido. Es que es escucharlo y me duele dentro, qué le voy a hacer.

Hoy está la criatura en el taller, no vaya a ser que tenga fundidos los calentadores, o se haya quedado sin anticongelante. Pero estoy casi segura de que sólo es este frío inhumano de la meseta. Bueno, eso y que, como siempre duerme en su garaje con vistas a la vieja Esgueva, se ha vuelto un poco mimoso. Que lo comprendo perfectamente, a mí me pasa cada mañana.

Llegó a mi vida una tarde de febrero, desde la misma París. Vino a sustituir a un viejo y elegante Renault Chamade color burdeos que costó menos que el cochecito de bebé de Kenia: exactamente 900 euros. Al pobre se le caía el retrovisor izquierdo, le costaba mucho arrancar y tenía algún que otro achaque más, pero a pundonor no le ganaba ninguno. Otro día os contaré la historia de nuestros coches queridos.

El caso es que cuando nos encontramos el pequeño y yo, en Coruña, hace casi cinco años, fue amor a primera vista. Siempre me han gustado enormes, cuanto más anchos y más largos y más pegados al asfalto, mejor. Pero mirad qué guapo estaba. Desde que lo conozco pienso como mi madre: ‘¿qué coches prefieres? los grandes y el mío’.

Pues eso. Teníais que ver cómo le gusta a él la carretera, más que a un tonto un lápiz. Cuánto disfrutamos juntos por esos mundos de dios. Lo bien que nos compenetramos, porque nos conocemos muy bien y nos cuidamos el uno al otro. Con lo difícil que es encajar tan bien con alguien, cada día que pasa, más.

Así que hoy va de matasanos. Yo con mis vampiros, que al final ha sido poca cosa. El susto se me pasó con un mal desayuno (ni te lo cuento, Lindoro, me equivoqué de sitio) así que, por reforzar, me he comprado unos turrones y así de paso estreno esta noche la navidad. Y el pequeño con sus revisiones. La verdad es que los dos estamos haciéndonos mayores, sólo que a él se le nota mucho menos.

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6 Respuestas a “al pequeño también le ha tocado

  1. Yo lo flipo. Ana tengo un compañero desde hace 4 años. Es un Peugeot rojo…te juro que me ha dado la risa. Una, Ita, Ana….cada vez me siento más unida. Ya sé que es una chorrada, pero coño..es que tengo un peugeot rojo que es mi gran amigo, el que me ha dado libertad para irme al norte y perderme en pequeños pueblecitos, y pinchar rueda y que un paisano me diga….”que pierde vieeeennnto la rueda”. En él no sólo voy yo, sino que ha pasado muxa gente que quiero…es el único que me lleva por la M30 de Madrid dando vueltas cuando quiero ver atardecer…

  2. ya mola! 🙂
    ahora me explico por qué te gusta tanto el atardecer en la m30, con un compañero así…

  3. Berto Santander

    Ana vete a una gasolinera y compra un Flis que se llama autoarrancador. Si los calentadores estan mal asi lo puedes arrancar.Se quita la tapa del filtro de aire un poco. Y otra persona te ayuda a dar el contacto.Cuando el motor a dos pistonadas tú das un poco de espray,el motor tiende arrancar. El flix se da muy poco no hay que abusar. Sino llamas al Race. Un Beso y un abrazo Berto

  4. Cuida y mima a tu compañero de viajes….que no está las cosas para nuevas inversiones.
    BESOS

  5. Yo también tengo una historia de amor que dura ya… diez años!!!! con mi cochecito que también es pequeñito (un escarabajo negro) y está también él algo viejito… el año pasado, en verano le hice una puesta a punto en toda regla y lo cambié todo por dentro para que pudiese quedarse conmigo cuanto más tiempo mejor!!! Con ese dinero bien me hubiera podido comprar uno nuveo, pero no sería lo mismo…Todo el mundo me insiste en que ya es hora de jubilarlo pero es que es mi primer coche y no me gustaría verlo en manos de nadie… y menos en un desgüace… la piel de gallina se me pone sólo con pensarlo!!!!! Nadie como él (el mío es “chico”… no sé los vuestros…) me lleva y me trae de acá para allá y ya se conoce de memoria el trayecto de mi casa de Madrid a la de El Barco de Valdeorras; me subo, pongo el automático y él solito me deja, en la puerta sana y salva!!!!

  6. hola, Berto!!!
    qué alegría verte por aquí, con lo que yo echaba de menos a mi compañero de charlas sobre coches. mil gracias por los consejos, me pondré a ello
    pues eso, que me has dado una alegría. y, porfa, que no sea la última 🙂
    un beso a los cuatro

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