tocador de señoras

Ayer estaba viendo un capítulo de Mad Men, una serie ambientada en los años 60 que trata de las historias de un equipo de publicistas de Nueva York, y me moría de envidia por no haber podido probar un poco de ese glamour, por no haber podido vivir esa época dorada de los creadores de sueños y de las mujeres que descubrían por primera vez la otra cara del mundo.

Una de las escenas que más me envidia me dio se desarrollaba en un restaurante de moda, de esos donde un camarero de blanco te prepara los cócteles en tu propia mesa. Cenaban dos parejas y las chicas se retiraron un momento para ir al tocador de señoras -porque a eso no se le puede llamar aseo de ninguna manera-. Y qué tocador, dios mío. Qué lámparas de araña y qué sillones coquetos de piel blanca, y qué espejos y qué amplitud y qué todo.

tocador1

No pude evitar bajarme de golpe de la nube de glamour, con trompazo incluido, comparándolo con esos aseos cutres a los que estamos acostumbrados hoy en día. En los restaurantes o donde sea que, salvando cuatro hoteles de lujo y un par de oasis, los hay por todas partes.

Que digo yo que hay que ser roñoso para ahorrar unos pocos metros -que a veces sobran claramente por otro lado- y hacer esos cuchitriles infectos de los que sólo deseas salir corriendo cuanto antes.

En la inmensa mayoría de ellos no hay quien se remueva dentro. Por lo de pronto tienes que entrar de lado, haciendo filigranas, como los caballos andaluces bien entrenados. Luego moverte con esmero para no llevarte a casa el olor a desinfectante -en el mejor de los casos- o un ejército de gérmenes colgando (que me los imagino a todos como los bichos que salen en este blog al lado de vuestros comentarios).

Eso si no es invierno, porque entonces ya tienes que ser experta en malabares para salvar el abrigo o la bufanda de morir contaminados al menor descuido. Si además llevas paraguas, bolsas y maletas entonces la maniobra es para nota directamente. ¿Tanto costará poner un colgador en la pared?

La dignidad, por descontado, es imposible mantenerla mientras una busca alivio con el asa del bolso entre los dientes y el tacón bloqueando la puerta que, cómo no, tiene la cerradura estropeada.

Yo es que no puedo entender en qué leches piensan los arquitectos cuando diseñan esos espacios miserables. Desde luego en mear a gusto no creo. Y lo entiendo menos aún si son arquitectas -digo por lo de las diferencias biológicas, que suele requerir más espacio la cosa-. Que mucho cacharro japonés que fija, limpia y da esplendor, y mucha leche de diseño, pero poner diez centímetros más les cuesta horrores.

En los últimos tiempos algunos locales se han puesto las pilas y despliegan una serie de artilugios automáticos que, oye, están muy bien mientras no se descojone todo el sistema un día. Eso sí, lograr retocarse el carmín con la luz encendida o lavarse las manos con agua suele requerir más de una posturita para acertarle al simpático infrarrojo.

Tampoco entiendo -cada vez pasa menos, pero aún lo he visto hace poco- por qué hay sitios donde cierran con llave el aseo femenino o el de minusválidos. De pequeña pensaba que era para salvaguardar el honor de las clientas de posibles atacantes sexuales -más que de pequeña era en mi época de hormonas revolucionadas, creo-. Luego me dio por pensar que las mujeres ensuciaban más y era para controlar quién dejaba todo perdido. Hasta que empecé a conocer pisos compartidos de chicos y ya vi que por ahí no podía ir la cosa.

Así que sigo con la duda. Y, ya que me he resignado a no recuperar jamás el glamour aquel de Mad Men, esto por dios que alguien me lo explique.

Anuncios

2 Respuestas a “tocador de señoras

  1. Recuerdo como antológica el monologo en Cinco Mujeres.com de la actriz Toni Acosta acerca de la entrada en el baño público de una mujer.
    Es de traca la descripción de: bolso colgado al cuello, abrigo recogido con una mano,con la otra mano buscas el clinex porque no hay papel higienico, con un pie sujetas la puerta(que evidentemente no cierra) mientras con el otro intentas mantener el equilibrio y mientras le dices que está ocupado a la pelma que tienes fuera y es tan poco solidaria que no deja de aporrear y abrir la puerta. De risa…..

  2. No sabes como te entiendo Ana y eso que soy hombre, de hecho no suelo entrar en los lavabos públicos (o desde luego no a hacer mis necesidades xd). Es más, salvo motivos de fuerza mayor (vamos, que no pueda más) soy más bien de aguantar hasta que llego a casa.

    Besos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s