en vez de sus secretos

El otro día tuve la suerte de cenar en casa de una mujer muy especial y de conocer a unos cuantos de sus amigos, personas realmente interesantes. Ana – somos tocayas- es una anfitriona excelente e inmediatamente te recuerda a esas mammas italianas que hacen de sus fogones y de sus hogares el centro del mundo.

Nada más llegar te recibe como si fueses el invitado más esperado y, con ademanes amables, te introduce en su santuario pequeño y abigarrado, donde cada mueble y cada objeto tiene historia propia.

Ana tiene los ojos vivaces, unos rizos desordenados que cautivan enseguida y un lunar en la mejilla que completa su cara de brujilla buena. Le encanta agasajar a sus amigos y repite que le gustaría tener una casa más grande donde recibirlos. Pero no hace falta. En su cocina de juguete prepara, sin aparente esfuerzo, delicias de hoy y ayer como para alimentar a un regimiento. Y su salón amplía horizontes al ritmo de músicas que revelan a una gran viajera.

Me gusta contemplarla cuando se mueve por la casa sin aspavientos, de una forma precisa y elegante, visiblemente ensayada en muchas noches de amigos y de lumbre. Sus invitados se dejan querer sin extrañarse de que todo esté en su punto, todo perfecto, cada cosa a su tempo.

Ana abre las puertas de cristal al ácido de esa alacena que rescató un día del rastro y va sacando copitas delicadas, tazas de porcelana alemana con forma de bañera redonda de tiovivo… incluso una botella de vodka picante que ha traído hace poco de Ucrania y que imagino difícil de beber y aún más difícil de digerir.

La noche transcurre sin estridencias, con un ritmo perfectamente orquestado a veces, caóticamente delicioso otras, entre risas y palabras y momentos que aportan, engrandecen, entretienen. Dos corchos de botella y unas manos acariciadoras bastan para inventar el momento simpático de la cena. Se hace un silencio respetuoso y absoluto cuando una melodía china a capela inunda la mesa. Fuera, la plaza sigue su ritmo inconstante de veinticuatro horas.

Termina el sábado sin que logre llevarme el secreto de sus rizos ni la receta de uno de los mejores arroces con leche que he probado, que sabe ‘al asturiano de verdad’. Como el de la Galana, que cada tanto me atrae sin remedio a Gijón.

En vez de sus secretos me llevo a casa un tarrito de arroz, porque Ana empaqueta con esmero las viandas que no hemos sido capaces de terminar, para que sus amigos no olviden las cosas buenas. Y he podido comprobar que no las olvidan nunca.

Al día siguiente, cuando lo destapo, la cocina se me llena de aroma a azúcar quemado y siento gratitud hacia esa mujer mágica, esa chica de ojos reidores capaz de transformar unos pocos metros cuadrados en el mejor lugar del mundo. Y estoy contenta de no haberme traído sus secretos, para poder volver, aunque sólo sea a buscarlos.

arroz-con-leche

Anuncios

7 Respuestas a “en vez de sus secretos

  1. ¡Qué bonito! ¡qué bonito! ¡qué bonito!….

  2. Simplemente conmovedor, sin lugar a dudas una de tus mejores entradas Ana. Has conseguido trasladarme, aunque sea imaginariamente, a casa de tu tocaya.

    Un besazo.

  3. Es una mujer especial, es como dices una mama Italiana es como la película Como agua para chocolate es un corazón cocinando para sus amigos esa es en pocas palabras Ana la que yo llamo muy cariñosamente mi Anita la reina de la cocina y casi mi hermana.

  4. Gracias por lo que me toca, tocaya, y eres wellcome cuando quieras a tomar el té en las tazas del tiovivo. Seguro que te marchas con la receta del arroz con leche bajo el brazo; verás que no tiene más secreto que los ingredientes y unos avemarías preventivos de encomendación a la Santina para que no se pegue…

  5. Gracias por lo que me toca, tocaya, y eres wellcome cuando quieras a tomar el té en las tazas del tiovivo. Seguro que te marchas con la receta del arroz con leche bajo el brazo; verás que no tiene más secreto que los ingredientes y unos avemarías preventivos de encomendación a la Santina para que no se pegue…

  6. No sé si eres consciente de la magia que desprenden tus textos, yo, que me jacto de reconocer la buena literatura (aunque me encantan algunos malos de enciclopedia como Stephen King, por ejemplo) tengo que decirte que tus palabras me suenan igual de bien que las de los más grandes… cuánto talento, Ana!!!!!

  7. muchas gracias, Ana 🙂
    y muchas gracias, chicos, con lectores así da gusto, sois unos encantos y me habéis puesto colorada, que lo sepáis

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s