bodas y bodorrios

El otro día contaba blueyes en un post la curiosa costumbre de una amiga suya que, al terminar una botella de zumo, pedía un deseo: ‘que me case pronto’.

Así, tan pancha. Sin especificar con quién ni con quién no. Desde luego, qué huevos tentar así a la suerte. ¿A esa chica nadie le ha dicho que hay que tener cuidado con los deseos, que igual se cumplen? Porque una cosa es que estés deseando casarte con el amor de tu vida y otra cosa es que estés deseando casarte, a pelo, con cualquiera que pasaba por allí. Que digo yo que no es lo mismo…

Desde que tengo uso de razón siempre he dicho que nunca me casaría y que nunca tendría hijos. Y tantos años después pienso -y practico- exactamente lo mismo. Por cierto, aprovecho para dejar dicho que estoy hasta el gorro de que, cuando sale el tema, me digan que ya cambiaré, que eso con los años… Si se me ocurriese a mí decir otro tanto cuando alguien expresa su deseo de tener hijos o casarse seguro que me miraría mal. Pero en esta sociedad sigue pareciendo cosa rara que alguien no siga el guión. Y todo el mundo sabe que a cierta edad lo que toca es boda, luego churumbeles y luego sentar la cabeza y comprarte un adosado y comer con tus suegros los domingos.

De todas formas, con el tiempo me voy haciendo más tolerante, aunque no cambie de opinión en lo básico. Antes pensaba directamente que casarse era un puro contrato para quienes no se fían de amar sin papeles, un seguro en caso de divorcio. Luego entendí que además tenía ventajas (fiscales, económicas, laborales). Ahora puedo ver incluso el puntito ése de romanticismo que supone comenzar una vida en común compartiéndolo todo, hasta las obligaciones.

Os confesaré que a mí me lo han pedido unas cuantas veces. Un par de ellas con anillo incluido y rodilla en tierra, como mandan los cánones. Y, como la reputación ya la perdí de pequeña, os contaré además que yo se lo pedí a un chico una vez, en un ataque de debilidad rosa. Por supuesto, me dio calabazas y, por supuesto, en cuanto me recuperé me sentí aliviada y me curé en salud para los restos.

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En cualquier caso, como os decía, lo de casarse en sí me parece un objetivo bien vacío. Más cuando se hace porque toca, y más cuando se hace por el envoltorio y no por el contenido. Que, en la mayoría de los casos, vaya con el envoltorio. Yo es que no puedo entender cómo alguien consigue completar una lista de 200 amigos. A mí me salen, como mucho, diez o doce de verdad y, si me pongo, puedo llegar a 30 incluyendo parejas y tal. También es verdad que para contar a la familia me sobra con los dedos de las manos.

Aún entiendo menos a los miles de novios que no han ido a misa en su puta vida y de repente se vuelven locos por recibir la bendición divina. Me parece una falta de respeto hacia los creyentes, por mucho que a la abuela le haga ilu. Si le hace ilu, que vaya ella, que ya está bien de perpetuar incoherencias en nombre de las abuelas, por muy mono que quede el altar y por mucho que en el ayuntamiento no te dejen poner todo perdido de arroz.

Y ahora mis contradicciones. Me encanta ir a las bodas. Si es que está todo el mundo guapísimo, se come fenomenal, y siempre encuentras chicos que bailen contigo… Una delicia, vamos. (Aprovecho para decir que se aceptan invitaciones y se ofrece invitada maja y que hace regalos chulos).

Eso, y los trajes de novia, que me vuelven loca. Ya de pequeña, cuando iba de la mano de mi madre, me fascinaba pararme en los escaparates a verlos. Es lo único que me fastidia perderme. El otro día le contaba a un amigo que hay dos cosas en las que yo no economizaría ni de coña: en el traje y en la luna de miel.

La luna de miel, porque ese viaje debe de ser único en la vida. Por muchos hoteles de lujo en que hayas dormido, seguramente nada puede sustituir la magia de esos días, en que todavía te dura la nube. Y el traje, porque no hay cosa más difícil que encontrar una novia que no esté radiante y salga guapísima en todas las fotos. Y yo, queridos, mataría por salir bien en una sola. Di tú que ya no será posible, porque esas cosas hay que hacerlas cuando una es joven y lozana, y si no ya no es lo mismo.

 

P.D. Se me olvidaba. Una vez fui a una boda como la de las películas, en la que el novio esperaba en el altar a la novia, que se acercaba lentamente a los compases de Mendelssohn. Y os juro que en la mirada aquélla en que se encontraron no cabía nada más. Y que me morí de envidia pensando que a mí nunca me mirarán así.

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6 Respuestas a “bodas y bodorrios

  1. Hija de mi vida, vaya forma de empezar un lunes por la mañana. Vaya disertación de la vida cósmica en pareja. Y tan contenta que te has quedado…

    Yo pienso lo mismo. Pero al menos ahora, con el paso de los años, me doy cuenta de que me gusta saber que, al menos, podría casarme cuando quisiera. Llámalo matrimonio o, como diría la Sofi, contrato social. Aún así, déjame decirte que me apetecería más adoptar un churumbel que casarme.

    Y fíjate que es raro, porque siempre he dicho que paso de los críos, porque no los aguanto. No los entienden ni los psicoanalistas. Todavía estoy intentando entenderme yo como para ponerme a investigar la mente de un pequeño cuerpecillo que, a los cuatro años, ya está mostrando símbolos de ser un delincuente juvenil. Vamos a ver, baraja las posibilidades tal y como está el percal hoy en día:

    Caso 1.- Niña Amy Winehouse, drogada todo el día a eso de los 14 años.
    Caso 2.- Niño Hulk Hogan, dando ostias a todo dios.
    Caso 3.- Niño el Solitario, delincuente en potencia.
    Caso 4.- Niño X, maltratador asíduo de profesores a los 13 y de sucesivas personas a partir de los 18.
    Caso 5.- Niña Vileda, se cepilla a todo kiski y te ves de abuelo a los 40.

    Oye mira, no, paso de arriesgarme. ¿Te imaginas el dinero que te gastarías en ellos? El dinero destinado para la universidad es gigante y, a fin de cuentas, si no le pagas la universidad, vas a tener que pagarle la clínica de desintoxicación o la fianza de la prisión. Oye, pues mira, no me compensa. Luego en lo que no ahorras es en disgustos y págate tú además el psicoanalista.

    Que no, que no, que yo me veo más de tío o de padrino buen rollero. Hay que joderse, o que me da a mí por escribir en las mañanas…

    Besos!!

  2. todavía estoy intentando parar de reir…
    es que me encantas, blueyes, qué manera de alegrarnos la vida 😀
    p.d. toda la puta razón

  3. Yo, gracias a mis referentes infantiles, tengo muy claro que ni casarme ni tener hijos; aparte que los niños pequeños me enervan.

    Eso sí, coincido contigo en eso de que me encanta que me inviten a las bodas aunque tenga que aguantar la soporífera ceremonia, y eso que como le tengo alergia a los trajes en vez de eso me pongo alguno de mis pantalones de vestir (o pantalones de domingo, como dice mi abuela) y una americana de raya diplomática que me compré el año pasado para la graduación de un amigo.

    PD: Blue, apúntate una colleja, que aquí el menda no tiene carrera pero tampoco ha sido ni carne de presidio ni de clínica de desintoxicación. 😛

    Besos.

  4. jajajajajajja, me parto con el comentario de Blueyes y los cinco Casos jajajaj…

    Ana: tras leer el post aún no me ha quedado claro si en el fondo, aunque fuera muy muy en el fondo, querrías casarte o no… Me queda claro el comienzo, pero en el resto intuyo o leo entre líneas un anhelo nostálgico-romántico curioso… No es por entablar polémica, pero soy de las que cree que al final si estás muy enamorada y te proponen boda, ¡caes fijo!
    Bueno, un beso chicos…

  5. sí, ita, tienes razón. de hecho, ya ves que una vez me perdió el punto romantico ése y llegué a pedírselo yo a un chico, pero las calabazas me volvieron de golpe a la tierra…
    de todas formas, yo creo que, calentones románticos aparte, que son muy sabrosos en el momento, antes de tomar una decisión así lo piensas mucho, y entonces ya sale tu vena dominante, y la mía es libre y anárquica. y, como dice mi amigo ruben, en el fondo soy como una piedra
    un besazo
    p.d. pero, como te digo, ita, me encanta ir de invitada… 😉

  6. Ana, queridiña, me gustaría utilizar tu blog para contar que ha aparecido (una vez más, y ya van 4) un gatito en mi vida. Es lo más riquiño del mundo, una bolita de pelo, todo negrito y parece que tenga el pelo largo, aunque seguramente sea demasiado peque para estar seguros. No lo he cogido pero lo tengo más que fichado y me voy a por él de cabeza en cuanto encuentre a alguien que lo vaya a tratar como se merece. Ya he “maileado” a todos mis contactos pero por si acaso, se me ocurre pedirte ayuda…
    🐱
    Gracias!!!!

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