lejos de París

Amanece el domingo lejos de París. A unos 1.000 kilómetros en línea recta, para ser exactos. Vamos, que los pilotos de Air France no se han apiadado de los amantes ni de los viajeros de negocios y nos han dejado a casi todos en tierra. Eso sí, tras putear un rato y provocar idas y venidas varias a los aeropuertos, seguramente por aquello de mantener el misterio hasta el último minuto, que mola más.

Espero que vuestro finde haya sido más fructífero que el mío. Que hayáis disfrutado cada minuto del sábado (Winnie, ya nos contarás qué tal esa cita tan, tan bien acompañada) y, bueno, aún queda domingo.

Al final, la verdad, casi me ha venido mejor quedarme en casita, porque tengo muchísimo trabajo atrasado, a ver si me pongo. De momento, como mi último París lo tengo fresco y el próximo llegará dentro de nada (eso sí, será en ese Elipsos maravilloso, que se chinchen los pilotos) me apetece poneros una foto de uno de mis rincones preferidos de la ciudad de la luz. Ahí va:

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La foto está tomada desde un café que hace esquina entre Quai Saint-Michel y la placita del Petit Pont, casi enfrente de Notre Dame, al otro lado del río. Me gusta sentarme fuera, en la terraza, aunque haga frío, desde antes de que la ley antitabaco francesa confinase a los fumadores a los espacios abiertos. Me gusta porque desde aquí ves las torres de la catedral a una cierta distancia. Es como una pausa para saborearlas, para tomar impulso antes de sumergirte en la vorágine de turistas y quedarte pasmada con su magnífica fachada.

Me gusta porque ves cómo pasa la vida por delante, los coches, los peatones, vecinos y guiris, ricos y mendigos. Porque los camareros son amables y no arrugan la nariz cuando pido un café con terrible acento francés, me lo traen con vasito de agua incluido y mantienen la magia de sentirme parisina en el corazón de París. Que ya es decir.

Me gusta porque está en la ribera izquierda del Sena, que sigue sabiendo a bohemia, a pintores en buhardillas pequeñas, a estudiantes rebeldes, aunque ahora el metro cuadrado alcance cifras prohibitivas.

Me gusta porque en esta terraza resguardada del viento he conocido los besos más dulces, los más azules, los más apasionados, y también la soledad más serena. Porque me he sentado a escribir en mi Moleskine muchas veces y todas las veces, en vez de tinta, el bolígrafo destilaba vida.

Me gusta porque al lado está la librería Shakespeare & Company, probablemente la más antigua de todo París, con sus rincones secretos y sus miles de libros apiñados en encantador desorden. Cuando compras un ejemplar, el dependiente le pone el sello de la casa, que dice: París, kilómetro cero. Y es que justo enfrente se encuentra el origen de la red de carreteras del país, a los pies de las torres donde Esmeralda y el jorobado disputaban amores.

Me gusta porque un poco más adelante hay un parque pequeñito, el de la iglesia de Saint-Julien le Pauvre, que se levanta a la sombra del árbol -éste sí- más viejo de todo París. Aquí, ¿recuerdas, Blueyes?, nos reímos un día hasta dolernos el estómago e incluso pasamos miedo mientras comíamos unas baguettes, tengo por ahí las fotos.

París está llena de rincones deliciosos, claro. Yo pienso que es la ciudad más bonita del mundo. Hay otras que tienen mar, o una orografía bendecida por Dios. Pero ni con todos esos dones han conseguido acercarse a la magia de la ciudad del amor. No sé si será su urbanismo perfecto -gracias, barón Haussmann- o su arquitectura señorial. No, probablemente la clave esté en el charme de sus gentes, que lo mismo se encuentra en la financiera Montparnasse, que en la colorida Saint-Denis, que en este rincón que ya es mío para siempre.

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5 Respuestas a “lejos de París

  1. No te preocupes, ya irás más veces a París, a mí la verdad es que no es de las ciudades francesas que más me gustan, me quedo con Nantes y Limoges. De todas formas a finales de diciembre me espera un viaje muy especial del que os contaré cosas.

    Besos de consolación. ;P

  2. Claro que me acuerdo, darling jajajaja. ¿Cómo no recordar aquel predicador negro del fin del mundo? Qué grande, dios mío. Y la turra que les estaba dando a aquellos pobres chavales.

    De todos modos, de aquel viaje fantástico, me quedo con el ataque de risa que nos dio a los dos en el magnífico Croydon de Amsterdam, cuando fuiste toda ilusionada al baño y te quedaste con la puerta en la mano. Recuerdo ese momento como el más divertido del viaje. ¿Te acuerdas tú? Adriana partida por el suelo (no literalmente, por supuesto, no quería coger la malaria). Y después, esos grandes momentos tuyos de Fuck You!! The Bedroom is a Shit!! Jajajajajaja.¡¡Qué grande Ana!! Por no hablar de mi magnífico bajón de tensión y el ataque de epilepsia de Rubén y Marta con el pastelito…

    Ay Ana, ¡¡no te quejarás de viaje!! En mi vida había pasado tantas emociones en tan poco tiempo. Amberes me pareció encantador, y aún guardo tus fotos con el gato supergordo ese. Y ya ni te cuento nuestra llegada a París y: “lo siento, hay un problema con las tuberías y a dos de vosotros (nosotros) os hemos trasladado al hotel de ahí al lado”. Ummm Ana, esas paredes de moqueta, esa megachimenea… Y esa despedida a las cinco de la mañana 😦

    Jo, Ani… ¿Cuándo nos veremos, aunque sea para comer? Te echo de menos, I love you.

    Besos

  3. Me gustaría conocer Paris. Todo el mundo habla de sus puentes, de ir pasando por cada uno de ellos con un cafe caliente en la mano…viendo amanecer, viendo atardecer…son las 6 de la tarde del domingo y me has trasladado a esa ciudad de belleza que debe embriagarle a una el alma, quizá parecido sentimiento al que tengo yo ahora…hace una luz rara hoy para mi en Madrid…y contigo he volado hasta Paris….

  4. la foto me ha encantando, si es tuya Felicidades, para mí llenaría una entrada y más. quedo igualmente fascinado por tu relato, por la vida y amor que te ha podido dar París, es una pena que Valladolid se quede tan poca cosa, a pesar de ser mi tierra. mi experiencia en París es corta pero Notre Dame y sus alrededores me llenaron mucho, pena de no llevar cámara entonces, ya sólo me quedan los recuerdos…

  5. Muchas gracias, maddriz, es un honor que te guste. La foto es un regalo de Doodo, que es un fotógrafo muy bueno, y la hizo para mí especialmente, cosa que él sabe que le agradezco muchísimo. Por si te sirve de algo, yo tampoco tengo fotos de algunos de los mejores viajes, porque esos se suelen vivir en directo, sin el filtro del visor.

    Una petición para reikjavik, que escriba un post contándonos cómo es Limoges. Yo no la conozco, pero siempre he sentido curiosidad por ese lugar de donde vino uno de los regalos más extraños que me hicieron por mi primera comunión.

    winnie, no deberías de dejar pasar más tiempo sin visitar París. Yo que tú me suscribía a las alertas de Ryanair y aprovechaba la próxima promoción. Dos días para abrir boca son suficientes, estés o no enamorada, que no sé cuál será el caso…

    y blueyes, vida, todavía me duele la mandíbula de reirme con tu comentario, recordando esos momentos míticos. vive dios que el viaje fue de antología 😀

    un beso a tod@s

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