si dudas, flores

Me encanta esto de los blogs. Parece que son humo virtual, otra vida completamente paralela, pero no. Mola mucho comprobar que las dos vidas se entremezclan y se revuelven, y una enriquece a la otra. Hace dos días dejé comentado por ahí que me encanta que me regalen flores. Y, oye, dicho y hecho. No sé si tuvo que ver la casualidad, pero ayer me regalaron una.

Quede dicho que a mí no me da pena cortar flores. La planta sigue viviendo y, total, se iban a morir igual. Lo que sí me da pena -ya veis qué tontería- es que, una vez cortadas, nadie las mire y las admire como se merecen. Compro flores a menudo, y me encanta distribuirlas por toda la casa. Escojo con cuidado el lugar de cada una y me aseguro de que ninguna resta protagonismo a otra. Luego las miro, las admiro, y me pasma su perfección delicada. Me fascina que una cosa tan bonita sea a la vez tan efímera.

Por eso me parecen un regalo fantástico. Porque son como un te quiero, como una pincelada perenne en la memoria de quien las recibe. Mis flores preferidas son los claveles blancos, como los del primer ramo que recibí en mi vida. Me lo regaló mi padre, que tiene la romántica teoría de que las primeras flores y los primeros diamantes de una mujer han de ser regalo de su padre. Sí, también fue él quien me regaló mis primeros diamantes -suena como si tuviese toda una colección :D-.

Me gustan los claveles blancos porque sus pétalos explotan anárquicamente. Y recuerdan a las faldas de volantes de las bailaoras andaluzas. Y porque huelen condenadamente bien.

Desde entonces me han regalado miles de flores (tengo más suerte…). Todas preciosas. También me gusta mucho regalarlas. Procuro variar y sorprender. Aunque con los chicos me corto un poco a la hora de enviar según qué. La culpa la tiene uno de Vigo del que no recuerdo el nombre. Éramos compañeros de clases y -más- de juergas en la escuela de arquitectura de Coruña. Yo tenía que entregar un proyecto de instalaciones de agua fría que parecía imposible de terminar a tiempo y él se quedó toda la noche ayudándome. Al día siguiente le mandé a casa un ramo de tulipanes amarillos con una nota de agradecimiento. ¡Para qué haría tal cosa! Sé que le gustaron, pero el puteo de sus compañeros de piso fue tremendo y la bronca que me echó a mí… tardé años en curarme el trauma.

Con las mujeres tengo más suerte. Hace poco envié un ramo por sorpresa a una amiga y de vuelta recibí un mensaje que decía: ‘me has alegrado todo el fin de semana’. No me digáis que no es precioso alegrarle a alguien TODO el fin de semana.

A mí me gustan todas, silvestres o cultivadas, baratas o caras, una o cientos; mejor si son diferentes y mejor cuántos más colores tengan. Lo único con lo que no puedo es con la paniculata (o como se llame), esas flores blancas pequeñitas con que adornan las rosas. Qué manía de estropear una belleza perfecta con mariconadas, celofanes y lacitos. Con lo bien que queda una rosa desnuda.

Definitivamente, los chicos suelen elegir rosas. Al menos mis chicos. El ramo más especial fue uno de colorines que mi compañero de viaje y de vida me envió una mañana, mirad qué bonito.

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Otra vez un chico se hizo no sé cuántos kilómetros de Valladolid a Lekeitio y vuelta, de noche, en invierno, sólo para llevarme en persona un ramo de rosas rojas y darme un beso. La cosa no terminó muy bien, pero esos dos minutos no los olvidaré nunca.

En un cumpleaños me inundaron el salón de rosas rojas, como en las películas, y en la esquina del sofá que quedaba libre apareció un perro de peluche más grande que yo con un lazo rojo. Mi pobre amante debió de gastarse una pasta, desde luego, y a los chiscos todavía les dura el susto.

Con lo único que hay que tener cuidado es, como todas las sorpresas, con calcular bien que el destinatario esté donde tiene que estar. Más de un euro y de dos he gastado yo en ramos que nunca pudieron ser entregados porque el susodicho estaba de viaje. Otros, sin embargo, compensan por todos.

Hace pocos años, un 26 de julio, se me ocurrió regalarle a mi abuela un ramo. Cuando lo vio, se emocionó hasta llorar y me confesó que las flores eran lo que más le gustaba en el mundo y que, sin embargo, hasta ese día nadie se las había regalado nunca, yo era la primera. No me digáis… Por supuesto, desde ese día no hay fecha señalada en que a mi abuela le falten flores. No mientras yo esté por aquí.

En fin, que puede que a veces parezca un poco cursi o un recurso manido eso de regalar flores, pero os lo digo yo, que entiendo de esto, que no hay otro regalo que pueda repetirse mil veces sin cansar (exceptuando únicamente el jabugo de pata negra), y que no hay corazón que no se ablande al recibirlas.

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8 Respuestas a “si dudas, flores

  1. Buenos días Ana: yo ¿para qué voy a abrir un blog si tú parece que hablas por mi boca? y ¡no es broma!. Nuevamente me une algo a ti….las flores. Yo he crecido entre dos terrazas repletas de plantas y flores, y ramos siempre en una mesa carrito de casa de mis padres. Las flores, son color, son vida,son alegría, son el recuerdo de alguien y a veces recibirlas es mejor que cualquier otro presente. Tengo que decirte que mi primer ramo también me lo regaló mi padre. Y…¿por qué no hay costumbre de flores a los amigos? Regalar flores es decir te quiero, perdona, te recuerdo…

  2. Una vez más me uno a ti y a Winnie en el gusto por las flores. También me gustan todas y también suelo regalármelas con frecuencia y colocarlas por toda la casa. Tengo además la suerte de tener un jardincito en mi casa y de que mi compañero sea un experto jardinero y me gusta tener siempre una rosa amarilla en mi mesita de noche. Me encanta también hacer centros especiales cuando viene gente a casa aunque sé que la que más los aprecio soy yo misma. Con respecto a las recibidas las que con más cariño recuerdo son las que recibí el año pasado, en septiembre, cuando pasé un mal trago de salud y la gente que me quiere me alegró mi estancia en el hospital. Todavía conservo uno de esos ramos (de hortensias) ya sequito en mi cuarto de baño…

  3. Winnie, tienes que comenzar un blog, precisamente para que los que disfrutamos con tus comentarios podamos disfrutar aún más.

    Y optimista, no sé si será por aquello del origen, la verdad es que en el post sólo me he referido a las que se suelen regalar, pero a mí me vuelven loca las hortensias, a ser posible azules. Y también tengo en casa siempre un ramo de ellas seco.

    Chicas, yo creo que definitivamente tenemos que quedar un día para comer las tres, o algo, porque tenemos muchas cosas en común 🙂

    Un besazo (también a nuestros chicos, of course)

  4. Buenas, yo soy muy de regalar libros, aunque realmente me gusta regalar cosas que sé que le van a gustar al destinatario, he de reconocer que nunca he regalado flores ni tampoco me las han regalado pero tengo muy claro que si alguna vez os hago un regalo a tí o a Winnie ya sé con que acertaré.

    PD: Winnie hazte un blog ya, que estamos deseando leerte.

    Besos florales.

  5. Voto también para que Winnie se haga un blog!!! Y lo de la propuesta de comida, yo encantada!!! Sólo hay que ver nuestras respectivas agendas y ponernos un clavel en la solapa para reconocernos 😉

  6. Cuando querais, donde digais…..será un gustazo juntarme con vosotras.
    ¿Cómo voy a escribir un blog? bueno sí, sé que lo haré un día…en mi cabeza y en wordpress ya tiene su nombre, pero necesito ir poco a poco…
    Esta tarde tengo una salida divertida, y me apetecía contartelo Ana (y por extensión a super optimista claro). Me voy de teatro y cena con 4 “tiarrones” Bueno la cuestión es que yo creo que esta noche estos 4 si algo no me van a decir es wapa (y eso que he ido a la pelu) porque son los 4….vamos que las feminas no les dicen mucho. De traca…ya os contaré. Ana gracias por ser tan super cariñosa,,,la vida blogeriana mía contigo dentro es más bonita. Un beso

  7. me has embriagado de belleza y recuerdos en torno a este mundo de las flores. tus palabras y experiencias me han transportado a pequeñas historias mías del pasado, y es cierto pareciera que cualquier episodio vital con una flor es más, en el recuerdo, en el color con el que lo pintamos mirando hacia atrás…

  8. Bueno pues, a la espera de que Reikjavik se arranque con esas flores 😉 , yo creo que está claro, el primer fruto real de este espacio virtual será una comida a tres. Ahora sólo falta coordinar agendas y buscar un lugar especial (aunque no lo sea tanto, para especiales ya estamos nosotras). A ver cómo lo hacemos.

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