mientras no me salen alas

Siempre he pensado que volar debe de ser lo más maravilloso del mundo. De hecho, de pequeña soñaba con ser gaviota, piloto de aviación, panadera o propietaria de una tienda de botones, por este orden. De momento, aprovecho cada oportunidad para viajar en avión, que es lo más parecido que tengo a mi alcance. Me encanta. Y mira que últimamente lo ponen difícil.

Empiezas buscando aeropuerto y descubres que cada vez pierdes más tiempo. Se supone que el avión es el medio de transporte más rápido, pero al vuelo -cada vez más largo, por aquello de no contaminar- hay que sumarle la preparación de la maleta (piensa dónde metes el líquido de lentillas, las tijeras, la leche condensada…), el viaje hasta el aeropuerto, la cola de facturación (fiel a la ley de Murphy, la tuya es siempre la más larga), los interminables controles de seguridad, el desplazamiento del finger hasta la pista (en el último viaje en Barajas, media hora de reloj, os lo juro)…

Un mundo, vamos. Eso, sin contar la sarta de incomodidades de los controles, que acaban definitivamente con tu paciencia y con tu dignidad. Que si te descalces; que si te quites el cinturón y levantes las manos para que una tía petarda te manosee delante de media docena de viejos que se ponen cachondos, seguro; que si te miran como si fueses un delincuente porque llevas un mechero en el bolsillo. Puf.

Recuerdo la primera vez que me ordenaron descalzarme. Fue en el aeropuerto de Newark, cerca de Nueva York. Una negra que pesaba lo menos 150 kilos me dijo que zapatos fuera. Y yo que no, que el suelo estaba lleno de mierda y que no. Y ella, con cara de perro, que sí. Yo ya me veía en Guantánamo, pero me quedaban 13 horas más de viaje y me negué en redondo a llevarme los gérmenes de media América pegados a la planta de los pies. Por fin, tras consultarlo con media docena de compañeros a cada cual más gordo y más negro, me llevó a un aparte y lo resolvió con un detector especial para suelas. Yo me salí con la mía y la señora se quedó conforme y me dejó embarcar. Prueba superada.

Entendedme, no estoy en contra de la seguridad. Lo que me molesta profundamente es que nos puteen gratuitamente. Si algo es un arma mortal, que lo prohíban de verdad. No que le quiten a un pobre señor la navajita de cortar el chorizo que lleva en la bolsa, y en el mismo vuelo los privilegiados de business coman con cuchillos de metal. No que un momento te piten al pasar por el arco hasta los aros del sujetador, y a los diez minutos, bajo el mismo arco, pases con el cinturón lleno de tachuelas.

Lo dicho, que estoy hasta el gorro. Cada vez llego más cabreada al avión, donde el rebote se intensifica al comprobar que han reducido aún más la distancia entre asientos (y eso que mido 1,62 y medio, qué tortura los altos).

Eso sí, es cerrar puertas, enfilar el morro para entrar en pista, oir el rugido de los motores a máxima potencia… y, para cuando estamos despegando, se me ha pasado TODO. Qué delicia. En esos momentos, yo soy la mujer más feliz del mundo.

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4 Respuestas a “mientras no me salen alas

  1. Me parece que es la primera vez que le oigo a alguien decir “de pequeña quería ser gaviota”…lo más que se oye es eso de pájaro o cualquier ave, pero concretar…la eleccion me parece perfecta. Volar…..y encima sobre el mar…eso sí que debe ser guay. Ana me está gustando mucho las cosas que te leo…

  2. tienes mucha razón pero el fin es lo que cuenta. la primera vez que viaje fue en aviaco en el año 72 solito y disfrute como el enano que era.
    hoy viajo por trabajo y si me jode pero pienso en el destino y… se pasa el mosqueo
    gracias mi gaviota de covachos por revolotear sobre mi isla

  3. Desde luego, menudo coñazo que dan con la seguridad en los aviones, si al menos se la tomasen.

    Me acuerdo una vez en un viaje del conservatorio que una chica llevaba en una bolsa de cartón su ropa interior sucia porque no le cabía en la maleta y al pasar por la maquinita para comprobar que el equipaje de mano el segurata le tiró la bolsa de tal forma que se abrió en el aire y una oleada de bragas y sujetadores sucios se esparció por el seulo. Aún me descojono el recordarlo.

    Besos.

  4. a nosotros nos gusta mucho leerte a ti, winnie
    y, aunque te parezca mentira porque no nos conocemos, nos reconforta tenerte cerca en esta tarde de domingo que es más domingo que ninguna…

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