chiscos

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progresos

18 Junio 2009 · 4 comentarios

Mira que es costoso esto del progreso. O, mejor dicho, cuántas energías y recursos gastamos los seres humanos en esto de progresar, de comunicarnos, de compensar lo que la naturaleza nos ha negado.

Lo pensaba ayer en la nueva terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. Que, dicho sea de paso, y a pesar de ser obra de mi admirado Ricardo Bofill, esperaba un poco más vistosa. Será que la T4 de Barajas ha dejado el listón muy alto.

Pues eso, que contemplando la inmensidad del edificio me entró una especie de pereza, y añoré aquel aeropuerto pequeñito de Galápagos, que no es más que cuatro pilares y un techado para dar sombra.

Cómo se complica el ser humano para conseguir algo que las aves hacen naturalmente. O, visto al revés, qué tenacidad y qué inteligencia, lograr a purito huevo lo que no nos ha otorgado el creador.

Lo mismo pensaba la semana pasada, cuando iba en mi pequeño Peugeot caminito de Santander. Al atravesar esos inmensos túneles de la autovía, con sus hormigones, sus sistemas de emergencia, sus luces.

Pensaba yo en la de horas de estudio que exigimos a unos señores para que sean ingenieros, a otros para que aprendan a instalar el sistema eléctrico… Que el túnel queda fenomenal, equilibrado, útil y seguro, pero las lombrices, o las hormigas o los topos hacen otro tanto ayudándose sólo de sus patitas y sus mandíbulas.

En fin. Es sólo un desbarre. Recurrente, eso sí. Que al final no sé si me puede el sentimiento de injusticia o el de orgullo.

De lo único que estoy segura es de que el resultado siempre merece la pena. Sobre todo, cuando al final del túnel o a la llegada a la terminal te espera el mejor paisaje, o los mejores amigos.

barca

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como hace 100 años

16 Junio 2009 · 3 comentarios

Lo último que recuerdo de ayer es el sabor de unas trufas de chocolate caseras que tuve que comer deprisa porque se me deshacían entre los dedos. Luego, el sonido de las olas desde la cama, y nada más…

Después de dos días de menús excelentes preparados por los cocineros de más renombre de l’Empordanet, todos hombres, me sorprendió saber que el bocado más delicado había sido preparado una mujer sin nombre en la carta, la mujer del chef del hotel Aiguablava.

A mediodía me había sorprendido ya la textura imposible de un requesón preparado por otra mujer, otro plato sin más nombre de autor que el del pueblecito donde vive, Fonteta.

Por la tarde me había enamorado de un museo pequeño, abigarrado, donde otra mujer lleva toda la vida dedicada al mundo de las confituras.

Es sólo una anécdota. Pero parece que en la Costa Brava las cosas han cambiado poco desde hace 100 años, cuando se creó esta marca turística que hoy sigue sonando a carreteras sinuosas y calitas de arena blanca entre los pinos.

Lo primero que he escuchado esta mañana han sido las olas, de nuevo. Su sonido mezclado con el de los pájaros, que siempre madrugan más que nadie, vaya usted a saber por qué.

Ahora, justo mientras escribo esta línea, el sol se ha animado y sale a reflejarse en las primeras rocas, y acaricia las agujas de los pinos.

Y, a riesgo cierto de pareceros cursi, os contaré que me encanta despertarme así. En un lugar donde las barquitas esperan tranquilas a que sus dueños terminen el desayuno.

Donde las verduras todavía te explotan su sabor en la boca, y donde, al atardecer, las gentes se visten elegantes para encontrarse con una copa de cava.

Con portátiles, eso sí, para poder contarlo. Pero en una costa que ha sabido mantener su esencia. Despertarme como hace cien años, como siempre.

Costa Brava

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Una lección de deportividad

1 Junio 2009 · 7 comentarios

Tarde de ayer. Estadio Ruiz de Lopera, Sevilla. Hasta la bandera. Tras una liga desaprovechada y más de cien minutos dependiendo de los resultados de otros partidos, Betis y Valladolid se jugaban la permanencia en primera a un solo gol. Cara o cruz. Tú o yo.

El empate a uno parecía imposible de romper por ninguno de los dos equipos pero, mientras el Pucela mostraba la misma descoordinación táctica que en toda la última vuelta, el Betis lo seguía intentando, dejándose la piel en cada balón. Misión imposible. A cinco minutos del final, sus aficionados lloraban ya desconsoladamente el descenso a segunda.

Cuando el árbitro dio los tres pitidos, aquello parecía un funeral. Sólo los 900 aficionados vallisoletanos daban saltos de alegría en la grada, mientras sus jugadores les agradecían el apoyo desde el centro del césped.

De pronto, contra todo pronóstico, a pesar de las lágrimas, a pesar de la injusta derrota, el Ruiz de Lopera enterito se unió en una ovación respetuosa a la fiesta de sus rivales, felicitándolos por la permanencia.

En ese mismo instante, en los bares de la capital castellana se hacía el silencio. Los aficionados pucelanos detenían un momento sus cánticos de victoria, pasmados y emocionados ante la actitud de suprema deportividad de la afición bética.

No hay duda. Por eso dicen que Sevilla tiene algo especial. Es por su gente.

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turistas de primera y de segunda

17 Mayo 2009 · 8 comentarios

En algunos países hay una práctica habitual cuya implantación no consigo entender y que, además, me china bastante.

Se trata de la tasa de entrada establecida en monumentos, parques naturales y otros atractivos turísticos de algunos países, que es más cara para los extranjeros.

Si vas, por ejemplo, a las islas Galápagos, sólo por pisar el aeropuerto habrás de pagar 100 dólares. Si eres ecuatoriano, en cambio, la tasa es mucho más reducida, creo recordar que de unos 10 dólares. Esto ocurre en muchos de los países de Latinoamérica y África.

Será que sus nacionales tienen menor poder adquisitivo que los visitantes, pensé. Pero claro, esta teoría se desmonta si es un ciudadano de Ruanda el que viaja a Argentina, por ejemplo. Y, al revés, si un islandés viene a España, debería de pagar más que un español. Porque en ningún caso te preguntan cuáles son tus posibles. Así que ese no debe de ser el criterio.

En cambio, si a los que viajan se les supone que tienen dinero suficiente y la medida pretende beneficiar la economía local, habría que implantarlo en todos los países, no sólo en los que están en vías de desarrollo, también en Europa. A la misma conclusión se llega si la intención es que los nacionales disfruten de su patrimonio más barato que nadie. ¿Por qué no se hace lo mismo en España?

No sé, lo mire como lo mire, no hay ninguna razón que me encaje para todos los casos. Así que lo único que puedo decir es que a mí me china profundamente la discriminación esa. Sobre todo porque siempre me toca el lado de los que pagan más.

Y donde ya no puedo contener la indignación es en los monumentos o enclaves en los que nuestro país financia el cotarro, a través de la prolífica e hiperactiva Agencia de Cooperación Española, que es como Dios, está en todas partes.

Que conste que me parece muy bien que financie las lechugas que comen las tortugas de Galápagos, pero digo yo que, entonces, a los españoles nos podían hacer un descuentito.

islas Galápagos

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las vacas de la India

4 Mayo 2009 · 6 comentarios

Pues sí. Las vacas de la India son sagradas. Así que, como yo no me resisto a acariciar a todo bicho peludo que voy encontrando, y a los perros los tenía vetados porque no me dio tiempo de ponerme la vacuna de la rabia, lo primero que hice fue preguntar:

Aunque sean sagradas, ¿se pueden tocar?

Pues sí. Su privilegiada posición sólo les da derecho a que no las maten y a que no se las coman. Ahí termina todo. A las vacas de la India les encantan los mimos, como a cualquiera, y comen papeles por los suelos de las calles, o lo que se tercie.

Son bonitas de puro raras, con esas orejas enormes y una pequeña joroba de dromedario incompleto. Además, saben acostarse a dormir todas enroscadas, como sólo había visto hacer a los chiscos y sus congéneres.

En las calles de las ciudades indias, incluso en sus autovías, puedes encontrarte con casi cualquier cosa. Bicicletas, motos, rickshaws, peatones vestidos de mil colores, perros, cabras, coches, dromedarios, elefantes, camiones decorados con filigranas… Todos se mueven perfectamente coordinados a un ritmo endiablado, sin apenas espacio para circular, sin retrovisores casi, y a pitido limpio.

Eso sí, en cuanto aparece una vaca, la maraña de tráfico se para en seco, se hace el silencio, y hombres y animales esperan pacientemente a que la criatura termine de cruzar.

Ni un rasguño. Pero tampoco una caricia. Las vacas de la India están deseando que les den mimos. Y, cuando lo haces, se te quedan mirando embobadas, con esos ojos grandes, inmensos.

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sabor salao

20 Abril 2009 · 3 comentarios

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dilemas gatunos

5 Abril 2009 · 9 comentarios

Ayer los chiscos estaban más raros que un perro verde que, en este caso, ya es decir. Se pasaron todo el día cuchicheando por las esquinas, ora distantes, ora mimosos. Me los encontré incluso de charleta con el pequeño Nazbatag, al que sólo acuden cuando el asunto es grave. Las hormonas, pensé.

Pero no. Al final de la tarde cantaron como jilgueros: el motivo de su desazón no era otro que un reportaje publicado en El País Viajero. Habían leído que en Taiwan y en Japón existen gato-cafés en los que los humanos pagan por estar con sus congéneres.

Son locales en los que los clientes apoquinan unos 10 dólares por hora, consumiciones aparte. Han de lavarse las manos con un jabón antiséptico y durante ese tiempo tienen derecho a acariciarlos, jugar con ellos, disfrutar de su compañía.

Al principio, desconcertados, no sabían si creérselo. Luego decidieron que les parecía bien. Y, más tarde, que era un caso claro de explotación gatuna. Cuando me lo contaron, los chiscos eran todavía un mar de dudas.

No os creáis, les dije. Esos gatos viven como dioses del antiguo Egipto, admirados, mimados, deseados. Puede que no tan bien como vosotros, pero mucho mejor que la mayoría de los que existen en el mundo.

No quise entrar en detalles, ni contarles que en China se comen a los pobres mininos a los que maltratan hasta morir, o que en este país, hasta hace no muchos años, tampoco tenían una vida precisamente fácil.

La reflexión pareció convencerles. A ellos les encanta que los acaricies y, cuando tardas en hacerlo, se ponen panza arriba en el suelo para llamar tu atención.

El resto del día les di ración extra de mimos, como queriendo compensar a todos los gatos que sufren en este mundo de humanos locos. Pero, mientras lo hacía, no pude evitar sentirme rara, como el que se va sin pagar un delicioso café.

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asturias

23 Marzo 2009 · 11 comentarios

A pesar de vivir en Galicia durante mucho tiempo -o precisamente por eso- y haber viajado ya a unos cuantos lugares, la primera vez que pisé Asturias (España) tenía 25 años. Era verano, iba con mi chico de entonces, que se empeñó en llevarme por el puerto del Pontón, N-625. Según él, y tenía razón, no hay forma más espectacular para entrar en el principado.

La carretera es estrecha, sinuosa. Sube, baja para encajarse en el desfiladero de los Beyos, hasta que, de pronto, se abre ante tus ojos la inmensidad verde, y te quedas sin palabras. No sé si tengo alguna foto de aquel viaje, pero nunca he podido deshacerme de esas imágenes en mi retina.

Nuestro primer destino fue Arriondas, un pueblecito cercano a Cangas de Onís, famoso por el descenso en canoa del río Sella que se celebra cada primer sábado de agosto. La elección había sido casual, recomendación de Miyares, un asturiano encantador que conocí en un congreso en Compostela. – Es mi pueblo, me dijo. Te va a gustar.

Y vaya si me gustó. Nada más llegar nos dirigimos a la sidrería que nos había indicado, Los Felechos. Allí descubrí la fabada más buena del mundo, la sal de frutas con sabor a naranja que tuve que ir a comprar a la farmacia para sobrevivir a la panzada, y que aquel hombre, sin conocernos de nada, había llamado para dejarnos invitados a unas botellas de sidra.

Así comenzó una relación de amor entre Asturias y yo que nunca ha tenido un solo momento de debilidad. Desde aquel día he vuelto muchas veces, he recorrido casi enterita esa región increíble, y en cada viaje me ha sorprendido la amabilidad infinita de sus gentes.

No es un tópico. Puede que tenga que ver algo con el paisanaje del que hablaba Valle-Inclán, no sé. Lo cierto es que, vayas donde vayas, con recomendación o sin ella, de mochilero o de viajero con posibles, los asturianos te tratan con un cariño y una atención fuera de lo normal.

Si a eso unes que Asturias lo tiene todo, no hay destino mejor. Yo no me canso de recomendarlo a todo el mundo y juro por dios que no me han contratado los de turismo para que les haga promoción.

Gijón, una de mis ciudades preferidas, a donde me escapo cada vez que puedo; los llagares; los lagos de Covadonga, con su desoladora quietud llena de bichiños; los tortos de maíz; las Casonas; cualquiera de sus playitas escondidas a lo largo de la carretera…

Si no sabéis dónde ir, preguntadme y os cuento. Aunque no hace falta, basta dejarse perder sin prisas. Si aún no lo conocéis, ya estáis tardando.

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un tren de Erasmus

19 Marzo 2009 · 6 comentarios

Nunca me he ido de Erasmus… todavía. Últimamente he descubierto gracias a un amigo que se puede ir incluso en programas de postgrado, y ha sido como descubrir que existe vida más allá de la muerte. Es que siempre me han dado mucha envidia esos estudiantes que se pasan un año aprendiendo un idioma fuera de su país, descubriendo los miles de tipos de fiestas que existen y, encima, aprobando todo!!

Eso viene a cuento de que, como este año se cumple el XX Aniversario de la Red de Estudiantes Erasmus (ESN), el 28 de marzo comienza un viaje en tren que llevará a miles de pasajeros de todas las edades y nacionalidades por 40 ciudades de toda Europa hasta el 21 de abril.

El único requisito para unirse al plan es tener buen rollo y saber convivir, y los que tengáis tiempo y os apetezca podéis apuntaros en la web del ESNtrain. Los compartimentos son de 3 ó de 6 literas, y hay camas para 700 personas, pero cada uno puede hacer todo el viaje o sólo algunas etapas.

Los viajes se harán de noche, y habrá fiestas a bordo, clases de baile, presentaciones de la cultura local, cursos de idiomas, juegos… De día habrá visitas y actividades en cada una de las ciudades que se visiten.

En total, los organizadores esperan que suban a bordo unas 10.000 personas. El recorrido comienza en Bratislava (Eslovaquia), y pasa por Austria, Liechtenstein, Suiza, Italia, Eslovenia, Croacia, Hungría, Austria, República Checa, Alemania, Polonia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Francia… No me digáis que no mola.

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desmontando planes

18 Marzo 2009 · 9 comentarios

Jo, acabo de leer los planes de Winnie para el puente y me han entrado unas ganas terribles de playitaaaaa. Qué envidia los que viven al lado del mar, y lo pueden ver cada día y, en cuanto hace bueno, no necesitan hacer cientos de kilómetros para darse un chapuzón.

Así que este finde, aunque tengo trabajo atrasado para quedarme a vivir en él, creo que no va a haber quien me quite una escapadita playera a donde sea. Que mi pequeño rojo, que es clavadito al suyo, también dice que sí, que salitre.

Y eso que tenía un buen plan alternativo: la localidad zamorana de San Vitero, muy cerca de Alcañices, celebra su fiesta anual dedicada al burro zamorano-leonés, que es una raza de bichiños peludos, grandes, preciosos. Para comérselos.

Por si os animáis, mañana exposición y subasta de buches, y el sábado paseo en burro con comida campestre incluida. Por cierto, en San Vitero se come una carne de ternera que está de vicio, baratísimo en cualquier sitio -hay dos-, yo voy siempre a Casa Alfonso.

¿Qué vais a hacer vosotros el finde?

burrito

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